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divendres, 15 d’abril de 2011

el mundo - juan josé millás

El mundo
Juan José Millás (2007, Premio Planeta)
Quart llibre que em vaig llegir d’aquest escriptor, el maig de l’any passat; en castellà (idioma original), de 233 pàgines.
Sinopsi: Hi ha llibres que formen part d’un pla i llibres que, a la manera de l’automòbil que se salta un semàfor, es creuen violentament en la teva existència. Aquest és dels que se salten el semàfor. M’havien encarregat un reportatge sobre mi mateix, de manera que vaig començar a seguir-me per estudiar els meus hàbits. L’escriptura, com el bisturí del meu pare, cicatritzava les ferides a l’instant d’obrir-les i vaig intuir per què era escriptor. No vaig ser capaç de fer el reportatge: acabava de ser arrossegat per una novel·la.
Les meves valoracions: Té idees que estan molt bé, com altres llibres del Millás que he llegit. Li agrada molt fixar-se en les paraules, en els adjectius, delectar-se amb els significats. Sempre té bones i originals idees. Encara que , alhora, sempre tracta els mateixos temes: ell de petit, les relacions amb els seus pares, ell com a escriptor, etc.

Dues frases que em van agradar molt:

El que ha tenido frío de pequeño, tendrá frío el resto de su vida.
(...) Yo contaba seis años.
En el principio fue el frío. El que ha tenido frío de pequeño, tendrá frío el resto de su vida, porque el frío de la infancia no se va nunca. Si acaso, se enquista en los penetrales del cuerpo, desde donde se expande por todo el organismo cuando le son favorables las condiciones exteriores. Calculo que debe de ser durísimo proceder de un embrión congelado.


Las bocas de los adultos dicen cosas que sus ojos desmienten.

Hay un momento en la etapa de antes de Madrid en el que se empieza a hablar del viaje. Parece que nos vamos de Valencia, pero la información se nos da de forma harto contradictoria. Las bocas de los adultos dicen cosas que sus ojos desmienten. Lo que aseguran las bocas es que se trata de mejorar. Madrid es la capital, un lugar en el que las oportunidades se multiplican, en el que hay de todo (pronto advertiría que no había playa, ni mar, ni calor, entre otras cosas esenciales), en el que uno puede llegar a ser lo que quiera... Estos mensajes van dirigidos sobre todo a mis hermanos mayores. Yo soy un oyente residual que escucha voces cuyos significados desconoce, aunque soy quizá el único capaz de advertir el contraste entre el mensaje de las bocas y el de los ojos.
Paraules i adjectius extrets del llibre, que solen anar sempre junts i que tenen un significat “inquietant”:

(...) era, en palabras de la gente, su «vivo retrato». Vivo retrato, qué conjunción tan extraña de términos. Quizá fue la primera de una serie de expresiones del tipo de gas natural, penosa enfermedad, revestimiento cerámico, flema británica, envejecimiento prematuro, capilla ardiente, alivio sintomático, tiempo muerto, rojo vivo, etc., que empecé a almacenar, como un coleccionista, en la memoria.


Le pregunté qué significaba «en ciego natural» porque la expresión me dio miedo.
—El ciego —dijo satisfecho de mostrar su erudición porcina— es la parte del intestino grueso que termina en un fondo de saco.
—Un culdesac —tradujo alguien instintivamente.
Al poco volvió informándome de que dormía la siesta en el sillón de orejas (creo que fue la primera vez que escuché aquella expresión, sillón de orejas, y me impresionó mucho).


Más complicado fue entender que el frío quemaba, pero lo cierto es que un día me abrasé los labios al llevarme a la boca un pedazo de cobre que encontré en el jardín, a primera hora de la mañana. Me gustaba el sabor del cobre; todavía, al pronunciar la palabra cobre, siento un cosquilleo eléctrico en la punta de la lengua. El cobre sabe a electricidad.


(...) aunque la noche se había acabado ya porque se percibía una claridad lechosa (claridad lechosa, qué expresión) al otro lado de la ventana. Me levanté para observar de cerca aquella claridad, para comprobar si de verdad era lechosa o se trataba de un tópico sin fundamento, (...)


Por lo demás, pronunciaba muy mal. En casa me llamaban lengua de trapo. A veces me miraba la lengua en el espejo, para comprobar que era de carne. Pero cuando dejaba de mirarla, la sentía realmente como un pedazo de fieltro. En más de una ocasión, la pasé por encima de las chaquetas, de los pantalones, de la ropa interior de mis hermanas y mi madre, convencido de que, al ser de trapo, poseía cualidades especiales para apreciar el sabor de aquellas prendas. Mi dificultad para pronunciar determinadas letras hacía gracia a los mayores. En las reuniones familiares me pedían que recitara poesías subido a una silla.


Entré muerto en casa y logré alcanzar, muerto, el cuarto de baño para ocultar la trágica situación a la familia. Al mirarme en el espejo reconocí en mi rostro todos los atributos de un cadáver. Tenía la nariz afilada y el rostro pálido como la cera. Sabía que la nariz afilada era un síntoma cadavérico porque se lo había escuchado a mi madre a propósito de una foto del cadáver de Pío XII en el periódico. Ella dijo «nariz afilada» y «rostro cerúleo». Así estaba yo delante del espejo, con la nariz afilada y el rostro cerúleo. No era que la vida hubiera perdido sentido, es que ya no había vida.
Signes ortogràfics: la importància de la coma.
(...) Tú no eres interesante para mí. En una de las miles de veces que repetí la frase, reconstruyendo la situación para ver si le encontraba una salida, pensé que entre el «tú no eres interesante» y el «para mí» había habido una pequeña pausa, una cesura, que dejaba una vía de escape. Quizá había dicho: «Tú no eres interesante, para mí.» La coma entre el «interesante» y el «para» venía a significar que podía ser interesante para otros, incluso para el mundo en general. Era la primera vez que le encontraba utilidad práctica a un signo ortográfico, la primera vez que le encontraba sentido a la gramática. Quizá al colocar aquella coma perpetré un acto fundacional, quizá me hice escritor en ese instante. Tal vez descubrimos la literatura en el mismo acto de fallecer.